domingo, 23 de noviembre de 2008

Alcohol y Jóvenes

Consumo de alcohol
En la actualidad asistimos a una creciente demanda de información sobre los patrones de consumo de alcohol en nuestra sociedad, por la problemática social y personal que plantea. Dentro de estos patrones adquieren una mayor importancia los asociados a las pautas de consumo de la adolescencia y juventud, que va aumentando, tanto en número de bebidas adquiridas, como en el de su graduación alcohólica.

La accesibilidad de los jóvenes a las bebidas alcohólicas es cada vez mayor, a pesar de las prohibiciones impuestas de su venta a menores. La edad media de inicio en el consumo de alcohol entre los escolares, según los datos de la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar 1998 (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas), es de 13.6 años, y la edad media de inicio de consumo semanal se sitúa en los 14.9 años, según esta fuente las chicas registran mayor prevalencia de consumo de alcohol, aunque en cantidades menores. El 84.2% de los escolares ha consumido alcohol en alguna ocasión y el 43.9% consume al menos una vez a la semana. En cuanto a los episodios de embriaguez el 41% de los escolares se han emborrachado en alguna ocasión y el 23.6% en el último mes.

Un 80% de las muertes registradas entre adolescentes se deben a causas violentas y dentro de ellas las relacionadas con drogas o alcohol representan el 50%, existiendo un mayor porcentaje de suicidios en los adictos a estas sustancias. Además, se consideran los factores familiares de gran importancia en el inicio y curso clínico de la adicción al alcohol y otras drogas, ya que hasta un tercio de los niños tienen su primera oferta de consumo de bebida alcohólica dentro del ambiente familiar, por lo que la implicación de la familia tiene gran importancia en todo programa terapéutico.


¿Por qué consumen?
La creencia más compartida entre los diferentes grupos de adolescentes y jóvenes, tiene que ver con la asociación, según su opinión, entre el consumo de alcohol y las "consecuencias positivas" que este proporciona. Entre estas destacan, según ellos indican, una potenciación de la actividad psico-física ( alegría, euforia, superación de la timidez y retraimiento, mejoría del estado de ánimo, etc.), posibilidad de diversión e integración dentro del grupo de amigos donde la mayoría consumen.

En la medida que el alcohol proporciona a los jóvenes una serie de efectos o consecuencias positivas, y el joven los interpreta como un beneficio, dichos efectos se convierten en motivos de consumo. La juventud, como regla general, no asocia el consumo de alcohol con los problemas que de él pueden derivarse, ellos esperan del alcohol cambios positivos globales (facilitador de expresividad emocional, desinhibidor y potenciador de las relaciones sociales, etc.), y a la vez no creen que dicha sustancia tenga consecuencias negativas, influyendo considerablemente en un mayor consumo durante el fin de semana, donde las relaciones interpersonales se intensifican. Por eso anticipar los "efectos positivos" y no las verdaderas consecuencias negativas, conlleva a que se produzca un mayor consumo social.

Esta consideración positiva hacia el alcohol, hace que se considere al mismo como una droga socialmente aceptada y de amplia difusión, lo que hace que los adolescentes, en un amplio porcentaje, no valoren el alcohol como una droga y no consideren su consumo como puerta de entrada hacia la adicción a otras drogas, sin embargo hay varios estudios que demuestran todo lo contrario y según los cuales es muy poco frecuente el uso de cocaína o heroína, sin haber consumido anteriormente tabaco, alcohol o cannabis.



Motivos de consumo

En resumen, los motivos principales que el mundo adolescente o juvenil usa para explicar el consumo de bebidas alcohólicas son:

  • Es un modo de "ponerse alegre", "alcanzar el punto".
  • Forma de búsqueda de afiliación, con imitación de conductas, con consumo que a veces se impone desde el propio grupo de amigos en el que se participa.
  • Presión social, a veces producida desde la publicidad.
  • Desinhibición, superación de la vergüenza. El consumo actuaría como un modelo de imitación y expresividad de la edad adulta.

Qué, cuánto y cómo consumen

Las pautas de consumo en el mundo adolescente y juvenil han sufrido una serie de cambios durante los últimos tiempos, y además, se han ido configurando unas características peculiares, propias de este grupo de edad, alejadas del modelo adulto y tradicional de consumo.

Así podemos destacar como características principales de este grupo de edad en su relación con la adicción alcohólica:

  • Búsqueda de nuevos motivos para el consumo, destacando sobre todo la afectación en la esfera psicoactiva de la personalidad. Evasión de lo cotidiano, conseguida mediante la embriaguez, bebiéndose más alcohol y de más graduación.
  • Concentración de los períodos de bebida durante el fin de semana o períodos festivos, con incremento de "borracheras", y lo que ello conlleva como alteraciones del orden público o accidentes de tráfico.
  • Progresivo descenso de la edad de inicio de consumo de bebidas alcohólicas, que según algunos estudios, se localiza sobre los 12 años, aunque es en torno a los 16 años donde se produce una modificación de las pautas de consumo.
  • La cerveza (entre semana) y las bebidas de alta graduación "combinados" (los fines de semana) encabezan el ránking de bebidas preferidas entre los jóvenes.
  • En el entorno adolescente y juvenil el consumo de alcohol se suele producir fuera de casa y en espacios donde se producen las relaciones sociales de los jóvenes. Así mientras el consumo se produce en lugares donde hay relaciones entre iguales, hay una ausencia de consumo en el contexto familiar.
  • Las creencias predominantes sobre el alcohol siguen destacando sus "efectos positivos" como hemos visto anteriormente, dejando los aspectos negativos "para los demás"("eso no me pasará a mí").

Al analizar los efectos producidos por el consumo de alcohol es probable que el joven elija la estimulación agradable, cierta e instantánea proporcionada por el mismo. De este modo se construyen pensamientos propios ("no todos los que beben alcohol tendrán una dependencia física o psicológica" "no todos tienen accidentes de coche", "el alcohol afecta a los otros, que no controlan, pero no a mí"...) que contribuyen a reforzar los efectos o ideas positivas.


Cómo actuar sobre el problema

Es importante no considerar de forma aislada a los jóvenes en el contexto social en que se desenvuelven, sino a ambos conjuntamente, para tener siempre presente los respectivos elementos del sistema: jóvenes, familia, escuela, y barrio o municipio, y actuar conjuntamente sobre todos ellos. Así podemos considerar las siguientes pautas de actuación frente al problema:

  • Diseñar programas de educación, en los que se incida no sobre los efectos negativos del consumo alcohólico, sino en los efectos positivos del no consumo, este pequeño matiz haría que las medidas tuvieran una mejor acogida general y una mayor eficacia.
  • Orientar las actuaciones en el nivel educativo cuestionando y delimitando los efectos positivos del alcohol, que es el conjunto de creencias más desarrollado. Se debe partir de una información realista, que sitúe en su término más justo los "efectos reforzantes" del alcohol, pero que también muestre sus límites. Además existen una serie de creencias erróneas respectos al alcohol (aumento de la potencia sexual, modo de combatir el frío, o como utilidad terapéutica), transmitidas de generación en generación que necesitan ser desmontadas.
  • Desarrollar programas de entretenimiento en habilidades sociales, para actuar principalment en la preadolescencia, antes de que se instaure el consume habitual de alcohol, para ayudar a esa población a hacer frente a la enorme presión que le grupo ejerce sobre los que no beben. Para ello se debe formar a profesores del sistema educativo, educadores de la calle, animadores sociales, etc.
  • Hay que usar medidas eficaces que no tienen porqué ser las más costosas. Hacer más baratas las bebidas no alcohólicas ya que actualmente es más barato consumir una bebida alcohólica que un refresco, así como potenciar bebidas exóticas con menor o nulo contenido alcohólico pero "que entren por los ojos" a los jóvenes.
  • Conseguir e imponer líneas de trabajo que logren que la edad de inicio dle consumo habitual de alcohol se retrase lo máximo posible lo cual tendrá una incidencia importante en la prevención de los consumos problemáticos de alcohol.
  • formular objetivos para evitar la desconección de los adolescentes de los sistemas de contexto, sobre todo educativos, modificar las creencias de adolescentes y jóvenes sobre el alcohol, trabajando fundamentalmente sobre las motivaciones de consumo, o diseñar estrategias para reducir los máximo posible el dinero que llevan los jóvenes encima los fines de semana. Actuar sobre los espacios físicos por donde se mueve la juventud, revisando su diseño.
  • Incidir en la importancia de la familia como factor regulador del consumo y como medio de información.
  • Por último estimular el debate entre las diversas fuerzas políticas para la creación de diversos programas juveniles de control y prevención de las adicciones.

martes, 21 de octubre de 2008

Adolescentes y alcohol: una guía

El acceso es cada vez más fácil. Las bebidas alcohólicas circulan entre ellos como agua o gaseosas. En esta nota, un psicólogo ofrece claves para que tanto los progenitores como los chicos puedan ponerle el cuerpo al problema

A la hora de enfrentar el flagelo que supone el consumo de alcohol en los jóvenes, los padres, comprensiblemente angustiados, alarmados y, en ocasiones, tan vulnerables como sus hijos, buscan soluciones que, además de no resolver la cuestión, pueden prolongarla o incluso agravarla.

El psicólogo Miguel Espeche, especialista en adicciones, desaconseja el exceso de control y autoritarismo, y recomienda dialogar, transmitir valores y, sobre todo, ofrecerles a los hijos un modelo de vida satisfactorio y saludable que ellos quieran reproducir cuando sean adultos.

Aquí, diez conceptos indispensables.

1. A qué responde el consumo

El consumo de alcohol en los adolescentes surge como consecuencia de una lejanía emocional entre padres e hijos, es decir, una crisis que abarca al “sistema familiar en su conjunto” y que en los hijos se manifiesta mediante un consumo a veces abusivo, dice el psicólogo Miguel Espeche.

2. Cómo prevenir que tomen alcohol

Es aconsejable revisar los vínculos y promover valores de vida genuinos: afecto, amistad, libertad. Esto fortalecerá al chico y evitará que adquiera “principios masificados” y, por lo tanto, que consuma. No mostrarse temerosos, hablar del alcohol sin alarmismo. Cuando los hijos perciben miedo en los padres, lo que terminan por pensar es: “Esto es algo mucho más poderoso que lo que me han inculcado, que mis valores”, afirma el especialista. Entonces sienten el deseo de consumir para desafiar esa autoridad.

3. Autoritarismo, no

Hay que revisar los lazos con los hijos, pero también los que existen entre los padres. El especialista destaca la importancia de ofrecer un buen ejemplo, ya que los jóvenes beben porque la realidad, tal y como se la han transmitido sus progenitores, los angustia. Consumir es su manera de rechazar lo que observan en casa. Si el hijo ve a sus padres llevar una vida artificial y consumista, querrá experimentar por sí mismo “sentimientos más plenos”, y lo hará a través del alcohol y de la euforia a la que invita el fin de semana. Una actitud extremadamente férrea o autoritaria es inútil, según Espeche, ya que no ataca la raíz del conflicto, que, en opinión del especialista, incumbe y perjudica a todos los miembros de la familia.

4. Cómo actuar a la hora de la salida

“Es fundamental confiar en la educación que se les ha dado a los hijos y hacer uso de la intuición y de los criterios propios, ya que suelen ser los adecuados, sostiene el especialista. Si el padre o la madre intuyen que esa noche, por el motivo que sea, es mejor que el hijo se quede en casa, es recomendable hacer caso a lo que la conciencia dicta –dice Espeche–. Si vemos a nuestro hijo desestabilizado o, lo que es más importante, inmaduro para afrontar adultamente la noche, es mejor que se no salga.”

5. Cómo y dónde buscar ayuda

Hablar con otros padres para reforzar los criterios y sentirse acompañado resulta primordial. Esto ayudará a aumentar la autoridad, ya que es normal que los padres se cansen de poner límites. Espeche recomienda también charlar con los profesores o autoridades de la escuela, no sólo para descubrir otras manifestaciones del problema, sino como una herramienta más para abordarlo. “En casos extremos es necesario acudir a un profesional, pero éstos suelen ser una minoría. Si se actúa pensando que el problema es más serio de lo que realmente es, se termina por agraviar a los hijos que están sanos”, explica.

6. Un padre sereno es un padre sabio

Hay que ayudar a los padres sobre todo; sólo así el hijo recibirá una mejor atención. “Si están angustiados, no actuarán de forma sensata”, señala Espeche.

7. Buscar el problema “adentro”

“Para muchos padres es más fácil buscar las causas del consumo afuera que detectar y solucionar el problema que seguramente existe en el hogar –afirma el psicólogo–. Los padres a menudo se vuelven controladores, pero esto no es sino una forma de no responsabilizarse de lo que sucede.”

8. Mostrar cierta autoridad

Es conveniente, hasta la mayoría de edad, mostrarles a los hijos algún signo de autoridad para que se den cuenta de que aún no son adultos, pero esto debe hacerse, recuerda Espeche, con “serenidad”. También para que se sientan cuidados, acompañados y tenidos en cuenta.

9. Los hijos como espejo de los padres

“Los hijos ponen de manifiesto la autenticidad de los padres, son su reflejo –analiza Espeche–. El problema surge cuando los chicos rechazan la manera de ser y de vivir de sus mayores. Es en ese “no quiero ser como ellos” que muchos se vuelcan al alcohol. No quieren crecer, huyen y se niegan a formar parte de un mundo cuyos fundamentos no comprenden ni comparten.”

10. No “dejarlos sueltos”

Es importante que el hijo no se sienta abandonado. Algunos padres confunden la libertad con “dejar suelto”, que no es lo mismo. Si el joven no tiene o no siente esos límites en casa, los buscará afuera, en el alcohol, al tiempo que intentará poner a prueba a sus progenitores.

Por Paloma Gil Estrada

Fuente: Guía para padres de hijos adolescentes, del programa Vivamos Responsablemente, de Cervecería y Maltería Quilmes, con el asesoramiento del licenciado Miguel Espeche.

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Un estudio desarrollado por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), en el cual se investigó el consumo de alcohol en adolescentes de escuelas de nivel medio, en 2005, demostró que el 38,7% de los niños de entre 12 y 15 años consume bebidas alcohólicas. La ingesta de más de dos latas de bebidas energizantes proporciona una dosis tóxica de cafeína que provoca una peligrosa estimulación de los sistemas nervioso y cardiovascular. La mezcla excesiva con el alcohol aumenta el riesgo de infarto de miocardio en personas jóvenes.
(Fuente: Sedronar)